sábado, 11 de junio de 2011

Las cosas se hacían más lindas antes: usinas de electricidad

No sé si a ustedes les ha pasado de ir caminando por la calle, ocupados en sus menesteres, y toparse de pronto con algún edificio imponente que los obliga a detenerse y preguntarse: "¿Qué corno será esto?".

De pequeño, transitando con frecuencia por las calles de San Telmo, solía ver un edificio con pinta neogótica que me encantaba. Cada vez que pasaba me quedaba mirándolo, pensando que sería algún antiquísimo edificio traído en barco de la Europa Medieval, o andá a saber de dónde.


Años después le pusieron un cartelito al edificio: "Subestación Balcarce". A la pucha, ¿esto no es más que una usina de electricidad? "¡Qué desperdicio!", pensé, tirando a la basura mis fantasías de infante.

Ayer caminaba por Caballito, no recuerdo ahora si por Alberdi o Pedro Goyena, y pasé por al lado de un edificio enorme de Edesur. Quizás sea una también una usina, o uno de los centros de atención al público; lo desconozco. El punto está en que el edificio es realmente horrible, un atentado contra la urbanidad.

Recordé de inmediato mi querida Subestación Balcarce, pero no ya con pena de que sea "sólo una usina" sino con la perspectiva opuesta: ¿no está bueno que hayan hecho tan bonitos monumentos arquitectónicos a algo que es "sólo una usina"? ¿Para qué hacer construcciones de morondanga -aunque sea para un edificio funcional- si se pueden hacer obras de arte?

Les dejo algunas imágenes de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad:









Otros ejemplos de edificios preciosos hechos con fines meramente funcionales son los dos tanques de agua que hay por Capital; uno por Facultad de Medicina y otro en Caballito. Pero quedarán para otro post...

lunes, 6 de junio de 2011

La puerta bajo el balcón

- Llueve...
- Sí, Rosa, mejor nos quedamos acá, abajo del techito.
- No sé, Silvia, estamos justo en una puerta, ¿y si molestamos a alguien que quiere salir?
- A vos lo que te preocupa es no llegar a la carnicería, Rosa.
- Encima las baldosas todas rotas... Es que viene Braulio a comer, y viste cómo es de loco el Braulio con la carne... si sigue así...
- La loca sos vos, invitándolo a almorzar, ¡a tu edad!

Ella no entiende, porque lo tiene a Cacho, tiene a los chicos. Siempre tuvo suerte. Se casó joven, ¡con un médico! Se fue con él, y yo me quedé en casa... me quedé en casa cuidando a papá. Mamá ya había muerto, hacía dos años, y no quería dejarlo solo a papá. ¡Que Dios me perdone! quise dejarlo solo mil y una veces, pero...

- Vamos, Silvia, dale, no va a parar pronto...
- ¡Pero esperá! ¡mirá cómo cae!
- Tomemos un taxi, Silvia.
- ¿Por dos cuadras?
- Sí, tenés razón... es que el Braulio...

... es que el Braulio siempre llega puntual, es muy atento. Yo creo que no me traería masitas y vendría a comer si no quisiera... bueno... si no pensara en... No sé ni siquiera en qué pienso yo. Quizás Silvia tenga razón... ¡a mi edad! Bueno, pero ella qué sabe. Siempre tuvo suerte, estuvo siempre con Cacho. Toda la vida con el mismo, desde jovencita... y mucho no le va a durar. No sé qué va a hacer cuando se quede sola. Yo no tuve muchos pretendientes, pero fueron más de uno. Tres se me declararon... pero yo no podía, no en esa época, con papá... Fueron cuatro si cuento... no, a ese no lo puedo contar. A Claudio no lo puedo contar...

- ¿Te acordás de Claudio, Silvia?
- ¿Claudio?
- El ingeniero, Silvia, ¿te acordás? el viudo de Amalita, la de la mercería. Era buen mozo...
- De Amalita me acuerdo...


No sé qué pasó con Claudio. Nos juntábamos a tomar vermuth... él y yo solos, y después salíamos al teatro o poníamos alguno de los discos de papá. ¡Cómo nos reíamos! Y él bailaba muy bien... Éramos jóvenes en esa época. Pobre... enviudar antes de los cincuenta. Se quedó solo, igual que yo desde que papá... Estaba creída que algún día me lo iba a proponer. Él a veces quería quedarse a la noche, pero no. Sin promesas no. Una mujer tiene que guardar su decoro. Estaba segura de que algún día me lo diría, que me tomaría de las manos a la salida del teatro y me diría "Rosa..." y yo dejaría que me bese. Quizás fue por el recuerdo de Amalita que no lo hizo. Pero después... después dejó de venir, y ya no me llamó más...

- Rosa...
- ¿Qué pasa, Silvia?
- Suerte que encontramos este balconcito, ¿no?
- Sí...
- Rosa...
- ¿Qué?
- Es mentira que no me acordase de Claudio...
- ¿Y por qué me dijiste que no te acordabas?
- No sé, me daba vergüenza acordarme...
- ¿Por qué? ¿por Amalita?
- ¡No! ¡qué Amalita! Fue hace mucho, Rosa...
- ¿Qué cosa fue hace mucho?
- Fue una aventura, no me pidas que te cuente. Vino una vez a visitarme a casa, cuando el Cacho estaba de guardia a la noche en el hospital. Yo me sentía sola, y él era tan buen mozo..
- ¿Una avent...
- ...yo no te quería decir nada, por el Cacho. ¡No le digas nada vos, eh! Si se llega a enterar... mirá Rosa, está dejando de llover... ¿vamos?
- Sí, dame el brazo, que están las baldosas todas rotas.


Es que Silvia siempre tuvo suerte. Se casó joven, ¡con un médico! Se fue con él, y yo me quedé en casa, cuidando a papá...

viernes, 3 de junio de 2011

Leo Masliah. El horóscopo


Leo Masliah

Capricornio: en la esfera laboral, se le presentarán situaciones difíciles de controlar, como algún romance apasionado con compañeras o compañeros de trabajo o de desempleo. Si es estudiante, olvídese de eso y concéntrese en el estudio.

Acuario: la inminente colisión de dos asteroides próximos al planeta Marte podrá inducirlo al suicidio. Pida a sus familiares o amigos que lo/la aten a una silla inmovilizándole brazos y piernas. Si lo prefiere, puede usar camisa de fuerza. No coma cosas picantes.

Piscis: tiempo bueno, con cielo nuboso y algo nuboso y probabilidad de precipitaciones aisladas. Precaución: si navega en Internet, estará expuesto/a a un posible naufragio y a quedar varado/a en un sitio (Web) desierto.

Aries: a los nativos de este signo se les presentará la oportunidad de viajar, pero salvo en los casos de personas previamente entrenadas en navegación aérea o marítima, no podrán hacerlo, porque las naves a las que tendrán acceso no estarán tripuladas.

Tauro: se presentarán nuevos miembros en la familia, ya sea por nacimientos, casamientos, o simple generación espontánea de primos, tías o cuñados.

Géminis: un eclipse total de sol impide cualquier vaticinio a los nacidos bajo este signo. Hágase leer la borra del café o recurra al tarot.

Cáncer: desconfíe de familiares y amigos. Le están preparando una jugarreta que prácticamente lo/la dejará en la calle. En contrapartida, puede usted con toda tranquilidad confiar en los extraños. Si gente que no conoce le ofrece caramelos, acéptelos. Y compre todo lo que le quieran vender: detergentes mágicos, tápers, tiempo compartido, etcétera.

Leo: para el cumplimiento de sus propósitos la gente le exige condiciones que usted no está dispuesto a tolerar. No se doblegue, pero actúe con elasticidad y muéstrese favorablemente dispuesto/a a hacer concesiones. Compórtese con valentía, pero evite dar la cara. Defienda sus intereses frontalmente, pero sin enredarse en antagonismos inconducentes. Afronte las situaciones con prudencia, sin desplazarse ni un milímetro de las posiciones que considera correctas, pero renegando de ellas toda vez que eso presente alguna probabilidad de arrojar beneficios. Mantenga claros sus objetivos, pero en aras de esa claridad, si es necesario, sacrifíquelos.

Sagitario: usted cree ser nativo/a de este signo, pero no lo es. Sus familiares lo anotaron en el registro civil con varios meses de retraso. Siempre le mintieron en relación con su edad. Su partida de nacimiento es trucha. Intente establecer quiénes son exactamente los responsables de esto y presiónelos hasta obtener datos fidedignos sobre el día y la hora de su nacimiento. Una vez hecho esto, reestructure su personalidad hasta hacerla concordar con las características propias del nuevo signo.

Libra: los astros están dispuestos de modo sumamente favorable para usted, pero usted constituye una amenaza para ellos. Con su presencia desvía sus órbitas y varios cúmulos globulares están abandonando rápidamente la galaxia. Si algo le importa el bien común, aléjese hasta algún punto apartado del espacio-tiempo, donde la distorsión que usted le imprime no perjudique la estructura del universo.

Virgo: recibirá cuestionamientos de su contraparte en el amor. Pero deberá responder con firmeza, sin aceptar las críticas ni admitir ningún reproche. Si es preciso, para defenderse, recurra al insulto. No se preocupe por las consecuencias de tal actitud. Escúdese en que los astros la propician.

Escorpio: esta semana no le pida peras al olmo. Recuerde que si bien no hay mal que dure cien años, no por mucho madrugar amanece más temprano. Usted está tratando de mirarle los dientes a un caballo regalado y no toma en cuenta las dificultades que asaltan al chancho a la hora de chiflar. Porque la mentira agua trae, y a rey muerto, ciento volando. No en vano se dice que el buey solo se lava en casa. La ropa sucia bien se lame. Hecha la ley, no entran moscas, y menos pregunta Dios por viejo que por diablo. Sarna con gusto, corazón contento. En boca cerrada, cenizas quedan. No es oro, dijo un mosquito. Lo que Natura non da, no mama.

martes, 31 de mayo de 2011

Mención de Honor del Instituto Cultural Latinoamericano

Quiero compartir con todos ustedes la alegría de haber recibido una Mención de Honor en el VII Concurso Internacional de Poesía y Narrativa "Destacados 2011" del Instituto Cultural Latinoamericano por mi cuento Historias paralelas.

El cuento forma parte ahora del libro "Destacados 2011" (Ed. Aries, ISBN 978-987-26832-1-4, impreso en abril de 2011).

Es extraña la sensación de tener algo publicado. Hay algo propio, en papel, ¡que no imprimí yo! Un cuento que otros podrán leer sin que tenga que enviárselos por email diciendo "che, escribí algo, pegale una leída y comentame qué te parece". Es, sin lugar a dudas, muy agradable.

Terminé de escribir Historias paralelas a fines del año pasado. Cuando recibí el ejemplar del libro, como podrán suponer, lo primero que hice fue releerlo. Y, ¿saben qué? ¡cuántas cosas le cambiaría! Tal vez sea que soy unos meses más "sabio" que cuando terminé de escribirlo, pero más bien pienso que esta situación se va a dar el resto de mi vida: volviendo a ver borradores viejos, siempre querré cambiarle muchas cosas. Por eso, como dicen que decía Borges, un cuento termina de corregirse en el momento en el que se lo manda a imprimir. A partir de allí, no hay vuelta atrás.

Como fuere, a todos los que me ayudaron con sus críticas y comentarios en el proceso de escritura del cuento, ¡muchas gracias!

lunes, 30 de mayo de 2011

Desempolvando el altillo

Este blog surgió entre el aburrimiento de un lunes 23 de noviembre de 2009 y las ganas de tener un libro de recortes de diversas ideas para cuentos, historias o, quién dice, alguna novelita (¿y? ¿quién dice? ¿eh?).

Han pasado un par de años y creo que ninguna de las historias que comencé a bocetar por aquí ha avanzado. Me propongo entonces desempolvar un poco el altillo del blog; la baulera de esta bitácora; el sótano del departamento; el cajón de abajo de todo de algún mueble, ese que uno nunca sabe qué corno tiene.

Decía, entonces. Índice de ideas sobre las que me he propuesto escribir y nunca he desarrollado:

1. La misma historia contada por diversos asistentes a una cena. Todas las historias comparten un lugar de inicio similar y se van ramificando hacia lugares diferentes.

2. Señoras muy finolis reunidas. En uno de esos encuentros, una de ellas se tira un potente flato.

3. Siete monjes en una caverna evitando que salga un bicho feo que hay del otro lado de siete puertas (dilema existencial).

4. Fundación del "Club de la Queja" y su posterior deserción cuando sus miembros se dan cuenta de que la queja no tiene ningún sentido si no es transgresora.

5. Historias instantáneas. Escribir todas las ramificaciones mentales en el transcurso de alguna actividad cotidiana de un tipo (por ejemplo, llendo a comprar pan). Qué historias se van gestando en la cabeza del tipo.


La pucha, ¿en casi tres años esto es todo? ¡qué perezoso he estado!

De todo esto, las ideas que más me gustan son las dos primeras: que varios personajes cuenten, de manera diferente un mismo suceso, y la inolvidable historia de las señoras y los pedos.

El Club de la Queja no está nada mal, aunque sería más una crónica que un cuento. Al menos así me lo imagino: un narrador externo relatando lo que sucede con la fundación del Club, sus primeros miembros, su popularización, su crisis y su cierre definitivo.

Las "historias instantáneas" todavía necesitan tomar un poco de forma para que me resulten tentadoras: elegir una forma de contarse. Sospecho que lo mejor sería una tercera persona. Puedo describir de manera muy detallada el transcurrir de un rato de un tipo y ver qué me va surgiendo desde allí. Tengo que pensar cómo dejar en claro qué cosa es lo que le está pasando y qué cosas se imagina el tipo. Supongo que si son historias fantásticas esto puede quedar claro... pero si son historias del orden de lo realista, tengo que buscar algún tipo de alternativa.

Si algún lector incauto cae por aquí que me diga cuál de los temas le gusta más para un desarrollo. Y cualquier aporte es bienvenido.

domingo, 29 de mayo de 2011

Norman Mailer

Entrevista a Norman Miller publicada en La Nación.
Las negritas y enlaces son míos.
Todas las imágenes y enlaces han sido extraídos de Wikipedia.


Norman Mailer

En los próximos días se distribuye Un arte espectral (Emecé), el testamento literario de uno de los mayores narradores del siglo XX: el estadounidense Norman Mailer. Bitácora de un escritor y manual sobre el oficio, este libro analiza los misterios técnicos de la novela y muestra el ajuste de cuentas de un creador inigualable con la pasión de toda su vida


Estilo

El estilo, por supuesto, es lo que todo buen autor joven busca adquirir. En el acto del amor, su equivalente es la gracia. Todos lo quieren, ¿pero quién puede encontrarlo trabajando directamente hacia la meta?
En mi caso, Advertencias a mí mismo fue el primer libro que escribí con un estilo que pudiera llamar propio, pero no lo empecé hasta 1958, diez años después de que se publicara Los desnudos y los muertos . En el medio habían llegado Costa bárbara y El parque de los ciervos , y no quería tener otra vez dos novelas tan difíciles de escribir.

León Tolstói
No sabía lo que estaba haciendo. Aparte del vértigo que ataca a cualquier atleta, actor o joven empresario que tiene un éxito inicial enorme, yo tenía mi propio problema particular, una preciosura: no conocía mi oficio. Los desnudos y los muertos había sido escrito a partir de lo que podía aprender de leer a James T. Farrell (en inglés) y John Dos Passos, con buenas dosis de Thomas Wolfe y Tolstoi, más tintes homeopáticos de Hemingway, Fitzgerald, Faulkner, Melville y Dostoievski. Con semejante ayuda, fue un libro que se escribió solo.

Yo sabía, sin embargo, que no era un logro literario. Había hecho un libro con un estilo general prestado por muchas personas y no sabía lo que tenía por decir yo mismo. Aún no había tenido suficiente de mi propia vida. Incluso podría adelantarse la idea de que el estilo les llega a los autores jóvenes más o menos en la época en que reconocen que la vida también está dispuesta a herirlos. Hay algo allá afuera que no es necesariamente engañoso. Eso explicaría por qué autores que estuvieron enfermos en la infancia casi siempre llegan temprano en su carrera como estilistas desarrollados: Proust, Capote y Alberto Moravia son tres ejemplos; Gide ofrece otro. Esta noción explicaría, por cierto, el desarrollo temprano y completo del estilo de Hemingway. Tuvo, antes de cumplir los veinte, la sensación inconfundible de estar herido, tan cerca de la muerte que sintió que su alma se deslizaba fuera de él y después volvía.

Truman Capote
El joven autor promedio no está así de enfermo en la infancia ni es tan duramente golpeado por la vida temprana. Sus pequeñas muertes sociales son equilibradas a veces por sus pequeñas conquistas sociales. Así que escribe en el estilo de otros mientras busca el propio, y tiende a buscar palabras más que ritmos. En su apuro por dominar el mundo (raro es el escritor joven que no sea un pendejo consumado), también tiende a elegir sus palabras por su precisión, su capacidad de definir, su acción acrobática. A menudo su estilo cambia de escena a escena, de párrafo a párrafo. Puede conocer un poco acerca de crear atmósferas, pero la esencia de la buena escritura es que instala una atmósfera tan intensa como la de una obra teatral y después la altera, la amplía, la conduce hacia otra atmósfera. Cada frase, precisa o imprecisa, jactanciosa o modesta, cuida no meter un dedo hiperactivo a través del tejido de la atmósfera. Tampoco las frases se vuelven tan vacías de cualidad personal como para que la prosa se hunda en el suelo de la página. Es un logro que llega por haber pensado en la vida de uno hasta el punto en que uno la está viviendo. Todo lo que pasa parece capaz de ofrecer su propia suma al autoconocimiento. Uno ha llegado a una filosofía personal o ha alcanzado incluso esa rara meseta donde está atado a su propia filosofía. En esa coyuntura, todo lo que uno escribe proviene de la atmósfera fundamental propia.

Un desarrollo semejante debe de haberse producido en mí en los diez años pasados entre la publicación de Los desnudos y los muertos y el comienzo del trabajo en Advertencias a mí mismo . En todo caso, se convirtió en el libro en el que traté de separar mi bilis espiritual legítima de mi autocompasión, y tal vez fue la tarea continuada más dura que me había planteado. Lo que agravaba cada problema era que también estaba tratando de dejar de fumar, y como corolario de abandonar la nicotina, me vi lanzado al problema del estilo mismo. En aquellos días, mi psiquis se sentía tan distinta sin cigarrillos como mi cuerpo al pasar del aire al agua. Era como si percibiera con sentidos distintos, y las reacciones claras se vieran embotadas. Escribiendo sin cigarrillos, el mundo que buscaba casi nunca llegaba, no en un tiempo rápido. En compensación, tenía garantizada una sensibilidad al ritmo de lo que escribía y eso me ayudaba a volcar mi mano en dirección de la mejor prosa. Empecé a aprender lo difícil que es pasar de la hegemonía de la palabra a la resonancia del ritmo. Esto puede ser un salto más grande que un brinco a la poesía. Así, Advertencias a mí mismo fue un libro cuya escritura me cambió la vida.

En El parque de los ciervos había estado tratando de encontrar un estilo a través de tres borradores. El primero había sido proustiano: no un Proust de primera categoría, desde luego. Proust intentado. Proust fracasado. El segundo borrador estaba ubicado en algún lugar entre la novela inglesa de costumbres y Scott Fitzgerald: no del bueno, pero en esa dirección general. Encajaba con el material esencial. Así que aprendí cómo el estilo repele literalmente ciertos tipos de experiencia y puede equivaler a una esposa dominante que siempre está dispuesta a elegirte los trajes. Si un escritor insiste en un tono específico, a pesar de todas las advertencias internas, incluso puede limitar la variedad de experiencias que entren en el libro.

Nelson Algreen
Encontrar la manera propia de escribir es algo elusivo. Aunque por cierto ayuda a desarrollar un estilo único, primero tienes que aprender cómo escribir. Allá en los años cincuenta, Nelson Algren estaba dando una clase de escritura en Chicago y me invitó a asistir. Leyó un cuento de uno de los chicos. Hemingway de cuarta. Después, le dije a Nelson: "¿Por qué le prestaste tanta atención? Sólo estaba copiando a Hemingway". Y Algren, que tenía diez años más que yo y sabía mucho más, dijo: "Sabes, estos chicos están mejor si se atan a un escritor y empiezan a imitarlo, porque aprenden mucho haciéndolo. Si son buenos en algún sentido, tarde o temprano se librarán de la influencia. Pero antes tienen que atarse a alguien". Eso fue útil.

Por otro lado, lleva tanto tiempo encontrar tu propia manera de escribir. Se reduce a un conjunto de decisiones sobre qué palabra es valiosa y cuál no, en cada frase que escribes. ...se es un elemento. Otro es la coherencia general. Tienes escritores que son excepcionalmente talentosos pero siguen siendo lo que yo llamaría grandes aficionados. El ejemplo más notable sería una escritora tan dotada como Toni Morrison. Su estilo puede cambiar de un capítulo a otro: su vigor no reside en proteger el tono. Puede escribir con belleza durante páginas enteras, y después, al capítulo siguiente, se demora en un modo pedestre. Viola lo que es ella en su mejor momento, su voz distintiva, esas percepciones distintivas. [...]

El estilo es también un reflejo de la identidad. Dado un sentido firme de ti mismo, puedes escribir en una veta coherente. Pero si tu identidad cambiara, también cambiará tu presencia en tu prosa. Es innecesario decir que la enfermedad, la tragedia, la frustración enorme, la propia edad están destinadas a alterar toda noción firme de ti mismo.

Henry James
Y, desde luego, el tema de uno también afectará las palabras de uno. Una voz periodística puede meterse en el funcionamiento de unas cuantas novelas de actualidad. Pero la verdad es que no quisieras ser Henry James para describir la vida de Gary Gilmore. Existe el vicio de la escritura demasiado espléndida. Para lo que Henry James quería hacer, sin embargo, su lenguaje era ideal. Reconoció antes que ningún otro que la educada vida social, a pesar de sus aspectos ridículos o afectados, también ofrece un espectro de pequeñas opciones presentes en cada momento. En la vida social, una persona a menudo elige entre tres o cuatro alternativas igualmente agradables, incluso para elegir ser un poco más cálido o un poco más frío de lo que originariamente esperaba ser hacia una persona dada. James tenía un sentido extraordinario de esa vibración imprevista dentro de lo casi totalmente esperable, y creó un mundo narrativo a partir de tal percepción, un mundo que dependía por entero de su voz única.

Es reconfortante sostener que algunos escritores importantes desarrollan un estilo a partir de evitar sus debilidades mayores. Hemingway no era capaz de escribir una oración larga, compleja, con buena arquitectura en la sintaxis. Pero convirtió esa incapacidad en su habilidad personal de escribir breves frases declarativas o largas oraciones fluidas conectadas con conjunciones. Faulkner, por el contrario, no era capaz de escribir con sencillez, pero sus oraciones demasiado opulentas, congestionadas, producían una atmósfera extraordinaria. A su vez, Henry Miller rara vez podía contar bien toda una historia. Prefería sus excursiones apartadas de la historia, y esos apartes son lo que lo hizo excepcional.

Bestsellers

Ahora que el deseo desmesurado que había en mí por las grandes ventas se ha asentado en expectativas más razonables, bien puedo ofrecer algunos pensamientos posteriores sobre el tema.

Escribir un bestseller con intención consciente de hacerlo es, después de todo, un estado mental que no deja de tener puntos de comparación con el acto de casarse por dinero sólo para descubrir que la ausencia de amor es más costosa de lo previsto. Cuando un supuesto y modesto escritor de bestsellers al fin se vuelve lo bastante profesional como para escribir un libro ganador, él o ella piensa que ha logrado una gran hazaña, al igual que un hombre desprovisto de amor (y dinero) verá un casamiento pródigo como una unión espléndida.

Rainer Maria Rilke
Lo ideal, y cuando te pones más viejo tratas de acercarte a lo ideal, es escribir sólo lo que te interesa. Puede resultar de interés a otros o no, pero si tratas de dirigirte hacia el éxito, no debieras ser un escritor serio. En cambio, harás bien en estudiar los trucos de los autores de bestsellers constantes mientras te aseguras de mantenerte apartado de cualquier cosa que esté bien escrita . Leer buenos libros puede envenenar tu satisfacción por haber conseguido un bestseller. No creo que Jackie Susann se vaya a dormir con Rainer Maria Rilke sobre la mesita de luz.

Hoy, los grandes cuadros literarios por lo común se dejan para los novelistas de bestsellers. Tendrán un elenco de cuarenta o cincuenta personajes, e historias que atraviesan de cincuenta a cien años. Incluirán varias guerras mundiales, más cambios asombrosos en las vidas de varias familias. Hacen todo eso para mantener su libro en movimiento. Lo que caracteriza por lo común a estas novelas es que nada hay en ellas con lo que no te hayas cruzado antes. La mayoría de los buenos escritores tienden en estos días a trabajar sobre panoramas más pequeños. Entonces, al menos, tienes la confianza de que lo que estás haciendo incluye alguna verdad en cuanto ficción. Eso es razonable. Al menos estás contribuyendo al conocimiento en vez de aumentar el barro de la cultura. Desde luego, eso puede hacer más difícil enfocar un tema amplio. En este momento el único gran escritor que puede manejar cuarenta o cincuenta personajes y tres o cuatro décadas es García Márquez. Cien años de soledad es una obra asombrosa. Logra hacerlo, pero cómo, no lo sé. En mi novela sobre Egipto, me llevó diez páginas pasar más allá de una curva del Nilo.

Stephen King
Es contraproducente pensar: voy a poner esto porque venderá ejemplares. Por lo común, eso no funciona. Hay una integridad en el bestsellerato: es el mejor libro que el autor es capaz de escribir en ese momento. ...él o ella cree en el libro. Por eso es un bestseller. Stephen King era un escritor torpe y repetitivo cuando empezó, pero los lectores de bestsellers respondieron a su sinceridad. Eso estaba presente en cada página mal escrita. La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.

Debo decir que King ha mejorado en estilo desde que empezó. Es de esperarse que sus lectores también, pero eso no es tan seguro.

Una estrategia del bestseller es seguir agregando ingredientes nuevos a la historia. ¡Pero cuidado! La trama es igual que una droga. Puede estimular a un novelista hacia hordas de energía creativa, y por cierto mantendrá a un lector sobre la página, pero tarde o temprano, la trama presenta su factura, y exigencias graves caen sobre el escritor. El autor que está sobrecargado de trama a veces se ve obligado a entrar en la mente del personaje para mantener las cosas claras.

Exactamente aquí es donde todo se empantana. La confianza de un lector en lo que está leyendo se verá traicionada sutilmente o incluso dilapidada en caso de que un novelista elija entrar en la mente de un personaje pero falle en transmitir el don indispensable para que el lector pueda ahora saber más que antes sobre el personaje. Los monólogos interiores por lo común son rutina e insisten en contarnos lo que ya sabemos. Casi no existe una calidad garantizada de la mente.

Por supuesto, el daño es limitado, porque las reflexiones internas de los personajes en la mayoría de los megabestsellers son más o menos lo que uno espera. Los lectores de megabestsellers desean poder leer y leer y leer: no desean reflexionar sobre ninguna revelación realmente inesperada. La realidad puede estar allá afuera, pero ése no es el motivo por el que estamos leyendo.

Maxwell Perkins
La corrección o edición tiende a hacer que los bestsellers se lean como más semejantes entre sí. Por ejemplo, pocos bestsellers no sufren de una avalancha de adjetivos. Porque cuando un escritor no puede encontrar el matiz de una experiencia, por lo común la recarga de adjetivos. Eso le dice al lector qué debe pensar. Esto acompaña una tendencia en las editoriales de poner el énfasis en el entretenimiento a toda costa. Por supuesto, un cansancio penetrante podría invadirnos debido al ritmo al cual somos entretenidos.
Mi generación literaria estaba bajo el paraguas de Maxwell Perkins (en inglés): cualquiera que se convirtiera en editor deseaba ser como él. Los editores jóvenes sentían fidelidad hacia sus escritores. Había casamientos espirituales, por así decirlo. Sigue siendo verdad hasta cierto punto, pero las probabilidades contra el sostenimiento de semejante lealtad ahora son mucho más altas. El mundo editorial de hoy dicta que un editor tiene que aportar libros que hagan dinero. Este casi absoluto tiene que penetrar en los intersticios del pensamiento de un editor joven. (Y en sus intestinos.) Imagino que sería difícil para la mayoría de los editores jóvenes no empezar a presionar un poquito a sus autores para que traten de ser más populares. Eso, desde luego, ejerce presión sobre el vínculo.

Thomas Mann
Justo ahora el dinero inteligente apostaría contra la novela seria. Las editoriales se están deprimiendo por el futuro de la ficción de buena calidad, y es obvio que los directores editoriales son los que más determinan ese futuro. Es probable que la supervivencia dependa de los editores jóvenes. Cuando una novela seria de un desconocido se publica en estos días, por lo común es porque algún editor joven se lo ha tomado a pecho. Por lo general, el director editorial le sigue la corriente. De hecho, ése es el costado caritativo del mundo editorial, y seguirá mientras los directores editoriales mantengan alguna fe en sus editores jóvenes, que, a su vez, logren apegarse a su coraje.

Los gerentes de librerías pueden preguntar: "¿Por qué no escribes un libro corto?" No necesitan manifestar su motivo. Los dos sabemos. Los libros cortos son libros delgados, y así ocupan menos espacio en las estanterías. Ergo, las estanterías pueden rendir más ingresos por metro. Pero ¿novelas cortas? Por desgracia, fui influido a edad temprana por Thomas Mann, quien decía que sólo lo exhaustivo es realmente interesante. Confía en Mann para hacer de uno un elitista encubierto.

Traducción: Elvio Gandolfo

Nota original: http://www.lanacion.com.ar/1052786-la-leccion-de-mailer