viernes, 16 de noviembre de 2012

Comparativos

Dijo el teórico a la concurrencia: “Si una imagen vale más que mil palabras, si es mejor pájaro en mano que cien volando, si más sabe el diablo por viejo que por diablo, si quien mucho abarca poco aprieta, si al mal tiempo buena cara, puede considerarse que la imagen voladora, abarcativa y vieja de una buena cara, vale aproximadamente cien mil palabras apretadas de diablo que versan sobre el mal tiempo.”

domingo, 12 de agosto de 2012

Día del zurdo 2012

Aunque ustedes no lo sepan (cómodos diestros burgueses), mañana, como todos los 13 de agosto desde el año 1992, se celebra el Día Internacional del Zurdo.

Es un día que básicamente no sirve para nada. Como mucho, los zurdos aprovechamos para quejarnos un poco más de que es difícil abrir una lata con los abrelatas "chiquitos" y autoconvencernos de que somos gente "siniestra".

¡Feliz día a los zurdos!


Acá hay una lista de personajes zurdos famosos que me encontré por ahí:

Actores y actrices
Jim Carrey
Charles Chaplin
Tom Cruise
Robert De Niro
Fran Drescher
Greta Garbo
Judy Garland
Whoopi Goldberg
Goldie Hawn
Rock Hudson
Diane Keaton
Nicole Kidman
Val Kilmer
Lisa Kudrow
Shirley MacLaine
Steve MacQueen
Marcel Marceau
Harpo Marx
Marilyn Monroe
Demi Moore
Brad Pitt
Robert Redford
Keanu Reeves
Julia Roberts
Sylvester Stallone
Emma Thompson
Peter Ustinov
Dick Van Dyke
Bruce Willis

Astronautas
Buzz Aldrin
Edwin Aldrin
Neil Armstrong
Jim Lovell

Políticos
George Bush (padre)
Príncipe Carlos de Inglaterra
Fidel Castro
Bill Clinton
Gerald Ford
Herbert Hoover
Isabel II de Inglaterrra
John F. Kennedy Jr.
Ronald Reagan
Harry S. Truman
Reina Victoria de Inglaterra

Deportistas
Larry Bird
Jimmy Connors
Goran Ivanesivic
Diego Armando Maradona
John McEnroe
Martina Navratilova
Pelé
Marcelo "Chino" Ríos
Babe Ruth
Mónica Seles
Ayrton Senna
Mark Spitz
Guillermo Vilas.

Escritores
Hans Christian Andersen
Peter Benchley
Lewis Carroll
Francis Scott Fitzgerald
Johann Wolfgang von Goethe
Franz Kafka
Mark Twain
H. G. Wells

Músicos
Ludwig Van Beethoven
David Bowie
David Byrne
Enrico Caruso
Phil Collins
Celine Dion
Bob Dylan
Kurt Kobain
Jimi Hendrix
Annie Lennox
Paul Mc Cartney
George Michael
Wolfgang Amadeus Mozart
Niccolo Paganini
Iggy Pop
Cole Porter
Sergei Rachmaninoff
Maurice Ravel
Robert Schumann
Paul Simon
Ringo Starr
Sting
Roger Taylor
Atahualpa Yupanqui

Personajes históricos
Alejandro el Grande
Billy the Kid
Simón Bolívar
Napoleón Bonaparte
Carlomagno
Winston Churchill
John Dillinger
Eduardo III
El Estrangulador de Boston
Benjamin Franklin
Mahatma Gandhi
Jack el Destripador
Juana de Arco
Julio César
Luis XVI
Lord Nelson (Horatio Nelson)
Friedrich Nietzche
Ramsés II
Tiberio

Pintores
Leonardo Da Vinci
Miguel Angel Buonarroti
M. C. Escher
Paul Klee
Pablo Picasso
Rafael

Científicos e inventores
Albert Einstein
Marie Curie
Benjamin Franklin
Isaac Newton

miércoles, 25 de julio de 2012

Luciérnagas para la sed

No sería ésta la noche que elegiría para llamarte. Te adiviné sola, rodeada de gente, en alguna terminal de Londres o de Madrid. No sería ésta la noche que elegiría para llamarte si no me hubiese encontrado en el noticiero un informe sobre el paro en los aeropuertos. Debí llamarte antes, lo sé, pero tampoco pensaría en hacerlo esta noche de no ser por el noticiero y el informe. Y ahora, sentado junto a la mesita del teléfono, con la tarjeta que me diste en aquel tour por Santiago, con la anotación mecanografiada “Si se pierde llame a este número” y tu nombre impreso en el reverso, ahora, años después, aunque esté en mi casa, sigo perdido y pienso en llamarte. Pero mejor será que no lo haga, mejor será que suba a la terraza y siga viendo el cielo chispeante de luces mezclándose entre las estrellas, y piense que en alguno de esos aviones estás vos.

jueves, 9 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Diálogos al pasar

Volviendo del lavadero:

Ella: -Ay gordo, ¡mirá qué lindo perrito..!
Él, con fastidio: -Sí, es un caniche, ¿qué querés?

... y dicen que el romanticismo ya no existe.

lunes, 23 de enero de 2012

El inodoro torcido

- Tengo que ir al baño... - le dije a Teresa, mi mujer, mientras manejábamos hacia la casa del Embajador Británico Sir James Galager.
- Paremos en una estación de servicio, hay una de camino.

Mi mujer rara vez se equivoca; le tengo una confianza absoluta. Puede definir con precisión, por ejemplo, la cantidad de vasos que se romperán durante una fiesta de acuerdo a la cantidad de botellas y el volumen etílico de éstas, o acertar quién es el asesino en las películas de Poirot apenas comenzada la trama. Sin embargo, y con gran pena es que lo digo, ésta fue una de las excepciones: ni siquiera un arbolito en un rincón oscuro se propuso como alivio de mis pesares.
Llegamos, pues, a nuestro destino. El avance por el jardín del frente fue algo lento para mis necesidades fisiológicas debido a la fascinación de mi mujer por pararse ante cada planta y preguntarme a mí, que conozco tanto de botánica como de física cuántica, si aquello era una rosa gallica o una rosa chinesis, si esa de allá era un cardo o un chicalote.
Apenas pasada la puerta nos recibió un mozo con una bandejita ofreciendo unas bebidas que, para no sumar más leña al fuego, decidí rechazar. Sin embargo, le pregunté: 
- Perdone... ¿el servicio?
- Así es -contestó el mozo.
- No no, el...

Una pareja entró a la casa detrás de nosotros, por lo que preferí postergar mi pregunta y me hice a un lado para dejarlos pasar. La señora se quitó el tapado y me lo entregó, confundiéndome con el valet.
- No, disculpe, yo estaba sólo... quiero decir, mire, yo no...
- Somos invitados -me salvó Teresa, sacándome de las manos el tapado de la señora y devolviéndoselo a ella.

El mozo entregó sendas bebidas a la pareja mientras mi mujer aprovechaba, con sumo disimulo, para devolver su copa vacía y servirse una segunda.
- ¿El toilette? -pregunté entonces al mozo, acercándome a su oído.
- ¡Ah! ¿el baño? -dijo, en un tono algo más alto del que hubiera preferido- pasillo, segunda puerta a la izquierda.
- Esto me late mal -me dijo Teresa ni bien entrados al vestíbulo- el baño, por norma, está a la derecha.

Decidí no contestar su comentario pero tenerlo en cuenta, no fuera cosa de que terminase haciendo pis en la despensa. En todo caso -me conformé- son ingleses: les gusta hacer las cosas al revés.
Entré al toilette. Me costó encontrar la llave de la luz, que algún arquitecto maquiavélico había colocado en la pared del lado hacia el que se abre la puerta, por lo cual no había forma de accionar el interruptor sin antes cerrar la puerta, quedando por completo a oscuras.
Ya con la luz prendida, me bajé la bragueta camino al inodoro. Es notable cómo se incrementan las ganas de hacer pis cuando el alivio está pronto. A punto de conseguir la liberación de mis fluidos, ¡ay! Calamidad, ¡tramposo destino que nos obligas a los varones a mirar hacia el inodoro en tales actividades! El albañil, por desidia o por maldad, había colocado el inodoro torcido.

* * *

- ¿Y? ¿hiciste pis? -me preguntó mi mujer, quien denotaba encontrarse ya por el quinto Fresita.
- No.
- ¿Por qué no?
- No pude... está... -puse tono de confidencia- está el inodoro torcido.
- ¿Y?
- Y no puedo... si está el inodoro torcido, no sé, no puedo, no me sale...
- Ay, Ramón... una pareja nunca termina de conocerse...
- Voy a ver si en el piso de arriba hay uno como la Ley de Edificación manda.
- No, pará que va a hablar el Embajador...
Sir James Galager es famoso por sus extensos discursos que no terminan nunca en ninguna parte, y yo desconocía si mi vejiga estaría bien dispuesta al humor inglés. Sin embargo, apenas subió el Sir a la tarima de madera coronada por las banderas británica y argentina, me vi rodeado de una espesa multitud que me impidió la expedición por los aposentos superiores.
- My dear, dear Sirs... -comenzó, con la parsimoniosa lentitud inglesa- friends... fellow citizens... my wife Susan, and my beloved daughters Hanna... Emily... Kiara...
- Teresa, ¿cuántas hijas tiene este tipo?
- Shhh -me censuró.
-... Joanne... Jessica... Elizabeth... Lesley... welcome all to my humble, humble home... ¡oh! ho ho, this reminds me that time when...
- Pero la p...
- ¡Callate, querés! -me interrumpió Teresa.
Cuarenta y siete minutos después, finalizada la anécdota que recordó al decir “we are here today”, comencé alucinar inodoros en cada jarrón, maceta y paragüero que había a mi alrededor.
- Teresa, tirame la copa encima...
- ¿Qué?
- La copa, volcame un poco encima... que parezca un accidente.
- Bueno, pará... ehm... ahí va.
- ¡Un poco nomás te dije!

Quien haya visto la escena debe haber pensado que le dije a mi mujer algo obsceno, porque me volcó casi todo el Fresita en la cara.
- ¡Oh! -exclamé en voz alta y fingí una risa- ¡qué drástico accidente!
- ¿Drástico? -me susurró Teresa.
- ¡Qué peculiar accidente!
- ¡¿Peculiar?!
- Ok, ¡qué macana! ¡me volcaste todo el Fresita encima! ¡Oh! Iré a limpiarme.
- Ramón...
- ¿Qué?
- No te dediques a ser actor...

Saliendo de entre la multitud con la cara sonrosada de Fresita y vergüenza, un mozo se me acercó con una servilleta.
- Perdone -le dije-, no quiero ensuciar su impecable servilleta, ¿me indica dónde está el baño?
- Por el pasillo, segunda puerta a la izq...
- No, no, ese ya lo conozco, ¿otro no hay?

El mozo me miró sorprendido.
- Lo que pasa -intenté explicarme- es que el inodoro está torcido...
Debe haberme tomado por incurable loco, ya que dio la vuelta sobre sus talones y se retiró mirándome sobre el hombro con un gesto que no llegué a comprender.
De cualquier forma, la escalera que lleva al piso superior se asomaba al final del pasillo, y hacia ella fui. “¿Por qué no pondrán cartelitos de Toilette en los baños de las casas?” pensé. “En fin, probemos. Primera puerta, habitación. Segunda puerta, biblioteca. Tercera, ¡ah! ¡disculpe señorita! ¡qué bonita enagua tiene! Cuarta, no. Quinta, no. Sexta, ¡no! ¿Qué los ingleses no hacen pis? Séptima, escalera externa hacia el patio”.

* * *

Para sorpresa del mozo que nos recibió un rato antes, crucé nuevamente la puerta de entrada en sentido hacia adentro. Esta vez sí le acepté una copa y avancé hacia la sala.
- and that’s why we’ll continue our efforts to keep Argentina a part of, ¡oh! I’m sorry, ¡ho ho! a friend of the United Kingdom.
Un aplauso frío y cortés -a la manera británica- despidió a Sir James Galager, quien se retiró con una pipa entre los dientes y una sonrisa arrugada.
- Teresa, nos vamos -le dije, tomándola del brazo.
- ¡Esperá, Ramón! ¡Quiero otro Fresita!
- Creo que ya tuviste suficientes. Y yo también. ¡Vamos!

Cruzando el jardín hacia la salida, Teresa mencionó:
- ¡Qué servicio eficiente, Ramón! ¡mirá! ¡incluso a esta hora de la noche regaron el abeto! Ramón, esperá, tengo que hacer pis...
- Andá al jazmín que está en la esquina. Te espero en el coche.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Omelette criollo


Jorge entra al bar. Otea el horizonte salpicado de mozos y mesas. Lucio, sentado frente a la barra, empina el codo y absorbe las últimas gotas de un licor verde y espeso.

- ¿Qué estás tomando? -le pregunta Jorge mientras se ubica a su lado.
- No sé, lo dejó el que estaba sentado antes. ¿Qué hacés, tanto tiempo?
- Acá, tirando... y sin saber muy bien de qué. ¿Te acordás que andaba buscando algún tema, alguna idea para pintar?
- Sí, ¡y estabas más perdido..!
- Me pareció que acá en la ciudad estaba poco inspirado y decidí irme al campo, aunque odio la pintura bucólica siempre con el mismo molinito y el mismo arbolito y la misma vaquita que si cobrara los derechos de aparición se llena de guita y pone un local.
- Un restorán vegetariano, seguro.
- Sí, o venta de leche en polvo en un free-shop. La cosa es que necesitaba encontrarme, hablar conmigo mismo. Hablar con el otro yo resulta un semillero de ideas, pero claro, soy pintor, no una maceta. En fin, me fui al campo unos días. Tengo un amigo, un chino, que se rajó para poner un súper en el medio de La Pampa. Tiene poca visión comercial, pero es buen pibe. Antes creía que el tipo tenía sus días, ¿sabés? a veces era muy cordial y otras me trataba como si no me conociera. Después me di cuenta de que eran dos personas distintas.
- ¡El famoso chino fotocopiado!
- El mismo. Fui a pasar unos días a su casa, que está arriba del súper. Me gusta estar ahí, porque puedo bajar a la noche en calzones y agarrar un paquete de yerba y unos cigarrillos. No sabés cómo se disfrutan las estrellas en la mitad del campo con unos mates de yerba afanada con total impunidad. Una de esas noches, tirado en el pasto entre los yuyos, veo venir cabalgando a un hombre que después me enteré que se hacía llamar Teniente Conflagración Rodríguez.
- ¡¿Teniente Conflagración?!
- Sí, Conflagración era el apellido del padre. Él se inventó lo de Teniente. El hombre se baja del caballo ahí, a unos cien metros, y se queda parado dándome la espalda, iluminado apenas por la luna. Una imagen de lo más poética. Ya estaba por ir a buscar mis carbonillas, cuando veo que vienen dos tipos más, vestidos con una ropa de gaucho tan tradicional que parecían gauchos for export. Se sientan los tres en ronda sobre unos troncos y sobre un calentador a garrafa ponen una pava a calentar. Arruinado ya mi cuadro potencial, me acerqué a escuchar de qué hablaban. “¡Mi Teniente, se acercan más conflaglacionarios!”, le gritó uno de ellos, señalándome con la bombilla del mate. “¡Me cacho en diez, un confraglacionario en calzones!” agregó el otro.

De un salto el Teniente se giró hacia mí, dejando ver una cara más patilluda que la del riojano Quiroga: “¡¿Quién vive?!” clamó con voz impostadamente grave.
“Aquí Jorge. Oiga, ¡qué bonitas hombreras doradas, con flecos y todo! ¿van a una fiesta de disfraces?”, pregunté. Tal parece que no iban, porque ahí nomás desenvainó un sable corvo y dando dos o tres estocadas en el aire, espetó a la noche un “¡Atrás, traidores realistas!”.
“¡Este hombre viene solo, mi Teniente!, ¡debe ser un desertor!” dijo uno de los gauchos.
“¡Me cacho en diez, un desertor en calzones!” agregó el otro.
“Momento, que de realista no tengo nada, soy nihilista”, intenté calmarlos en el justo momento en que un huevazo golpeaba la mano derecha de Conflagración Rodríguez, desarmándolo.
“¡Nos atacan, mi Teniente!” gritó uno de los gauchos.
“¡Las gallinas se han vuelto realistas!, ¡huyamos!”, agregó el otro.
El invisible cañón de proyectiles ovoidales generó enseguida una omelette de conflagrantes quienes, despavoridos, enredándose con sus bombachones, desaparecieron en la llanura.
“No les des bola...”, me dijo entonces el chino, parapetado en la ventana del primer piso, guardando los huevos sobrantes, “...son unitarios”.

- O sea que al final la sacaste barata... - dijo Lucio, luego de un silencio.
- No te creas, el chino me hizo pagarle los huevos...
- Y sí, viejo... pero la moraleja es que no hay animal más indefenso que un hombre en calzones.
- ¡Suerte que siempre hay un chino cerca! -contestó Jorge.
- Suerte que era un chino federal... -contestó Lucio.